Oral History Interview with Juan Silverio Jaime León
June 25, 2012, in Ciudad Obregón, Sonora

Andrew Offenburger
Miami University

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Length: 50 minutes, 18 seconds
Transcription: Benjamin Alonso
Finalized: July 1, 2018

Offenburger: Entonces para juntarlos, para tener la historia oral allá en el museo…

Jaime León: Sí, así es. El proyecto del museo fue muy ambicioso. En el planteamiento fue un atractivo muy importante desde el puto de vista cultural. ¿Por qué? Porque los yaquis nunca se han abierto, nunca han permitido, excepto a Spicer y otros, gente de ustedes, gente de Estados Unidos, que tengan acceso a la historia de los yaquis. Pero fuera de ahí ni un mexicano, que podamos decir en la época de la post revolución, tuvo acceso a la información de los yaquis. Nunca, nunca.

Entonces nosotros estamos dándole una apertura a la investigacion: a la antropología, a la sociología, a la historia. Pero a esa historia real, esa historia que verdaderamente vivieron los yaquis, no a esa historia inventada por el sistema. Porque nosotros podemos tener acceso a los libros clásicos de, no sé, de Troncoso por ejemplo, de Fábila, de Fortunato Hernández, que son hechos de guerra pero que también se someten a un análisis, a una reflexión pues en torno a la vida de los yaquis: cómo sufrieron, cómo los mató el gobierno, cómo hizo la manipulación, que hasta la fecha se está dando. Son elementos claves que a ti te dan la idea de cómo se vivía, de cómo eran usurpados los esquemas de decisión de los pueblos yaquis, y que actualmente los estamos viviendo. Se vive, lo observamos, lo sentimos ese acoso institucional que no se ha terminado. Lo seguimos padeciendo.

Offenburger: O sea, por un lado, muchos me comentaron que sigue la lucha aunque no sea con balas.

Jaime León: Así es, definitivamente, cada quién desde su trinchera. Cualquier yaqui te va a manifestar cúal es su demanda principal, y nuestra demanda principal, te van a decir, es nuestra tierra y nuestra agua porque es nuestra esencia y nuestra vida. Son elementos que se han venido manejando desde los ancestros: tanto Cajeme, como Tetabiate, como Banderas, como un Muni, lo manejaron. Nosotros queremos ser libres, queremos gobernarnos nosotros mismos, queremos decidir sobre nuestra forma de gobierno, queremos que nos respeten nuestro entorno y nuestro territorio. Y aun así se fue cercenando, pues. De alguna manera se fue batiendo. Es la gran verdad que muchas veces el gobierno -- al contrario te jode y te quiere utilizar. No porque yo trabajé con el gobierno yo voy a estar con él, a mi me dicen los mismos yaquis: Silverio tu no puedes hacer nada con nosotros porque tú eres parte del gobierno. No señor, a mí de que me pague el gobierno es una cosa, y ese dinero no es del gobierno, es de nosotros.

Entonces de que me pague el gobierno y yo no pueda decir las cosas, eso no es cierto.

Offenburger: Me parece un poco como antes cuando en la revolución había soldados yaquis que trabajaban para el gobierno.

Jaime León: Exactamente, exactamente. Yo por ahí hice algo sobre eso precisamente, de los yaquis broncos y los yaquis militares, en el que cada uno de ellos se adjudicaba haber ganado esa victoria. “Por nosotros tenemos el territorio de la tribu”. Y decían los broncos lo mismo: “No es cierto, lo que dicen los militaristas no es cierto, porque ellos se vendieron al gobierno. Es porque nosotros no nos dejamos, porque a nosotros nunca nos quitaron las armas, por eso estamos aquí”.

Yo desde niño, fíjate, empecé a participar en los eventos ceremoniales. Y en la actividad ceremonial salen a flote muchos de los elementos que le dan cohesión y le dan fortaleza a los yaquis. Porque ahí es donde se discute, ahí es donde se platica, se analiza, (ahí es donde) de alguna manera se propaga la historia, esa historia vivida.

A mí me tocó convivir con gente que directamente participó en la revolución. Eran viejos: si yo tenía 10 años, ellos tenían 70 u 80 años participando en esas festividades.

Offenburger: ¿Cuántos años tiene ya?

Jaime León: Yo tengo 55 años. Entonces, tengo medio siglo de vida. Y ahí yo aprendí el verdadero sentir del yoeme, de yaqui. ¿Cuáles son sus luchas, sus pasiones, sus demandas y cuál es su sentido de vida, qué queremos nosotros como yaquis? La importancia de esto.

Y todo eso giraba en torno a la tierra, a la tierra y al agua. Por eso cuando yo le doy pláticas a los jóvenes sobre la historia y de la religión, la religión está ligada al territorio. Hay elementos, por ejemplo, que nada tiene que ver con la religión. Y se hacen dentro de las actividades ceremoniales religiosas, y el discurso no tiene nada que ver con la cuestión religiosa. Cuando el yaqui se pronuncia diciendo de que primero está nuestro territorio. Que debemos salvaguardar nuestros derechos sobre la tierra, el agua, el mar, la montaña, el río… y en el cual ese es el mensaje que se transmite en cada una de las ceremonias de los yaquis, y que mucha gente pues no lo interpreta así.

Tú dices ah caray. Si ahorita estamos en viernes santo, un dia muy especial donde sacrifican a Jesus y todo eso, ¿pero por qué los yaquis están hablando de otra cosa, pues? O sea, el mensaje es otro rollo. Entonces precisamente esa es la ideología que se ha implementado desde hace mucho tiempo: que la religión y toda la actividad ceremonial esta enfocada a la tierra y al agua. Y a los intereses que tiene la tribu yaqui y a su entorno…

Offenburger: Bueno ya creo que ya podemos empezar con las historias que tiene, que le comentaron en esas ceremonias que se acuerda de los tiempos viejos: la revolución, la guerra contra los yaquis. No tiene de tener ninguna fecha ni nada sino esa transmisión…

Jaime León: Así es, la tradición oral, o la historia oral, no tiene tiempo, no tiene fechas, no tiene días. Son acontecimientos registrados en la mente de nuestra gente. Te voy a platicar la historia de mi abuela, yo escribí algo sobre ella. Testimonios de una mujer yaqui, se llama.

Offenburger: Ah si, por eso reconocí su nombre.

Jaime León: ¿Si lo leiste?

Offenburger: Sí, sí, sí.

Jaime León: Pues es la historia de mi abuela, pero hay otras historias muy interesantes en la vida cotidiana de los pueblos yaquis. Tal vez ahorita la misma situación, la misma modernización, la misma comunicación, los medios y todo, pues han permitido que se vaya diluyendo, que se vaya perdiendo…

Pero por eso te digo, aquí lo mas importante de la reproducción histórica, la reproducción cultural, la identidad: son las ceremonias. Son lo único que nos queda. Y la tierra y el territorio. Porque va muy de este, aparte de que el gobierno nos esta bombardeando constantemente a través de los diferentes medios de comunicación: la radio, la televisión. La prensa pues no tanto porque no tenemos mucho acceso a la prensa, pero ya el internet por ejemplo que los jóvenes ahora ya están incursionando en este medio de la cibernética y todo eso. Eso es algo que nos puede servir pero también nos puede afectar, como pueblo que tiene una historia y que difícilmente la vas a encontrar con los jóvenes. Ahorita si pasa un joven y le preguntas lo entrevistas pues te va a decir yo no sé. Ni en cuenta de que los yaquis anduvieron en esto y en lo otro.

Offenburger: Yo me acuerdo de la historia de su abuela, pero si no le molesta me gustaría escuchar un poco cómo usted cuenta en persona lo que sabe. Si no le molesta.

Jaime León: Claro que no. Mira, yo crecí en un ambiente muy tradicionalista. Yo aprendí a hablar español a los diez años. Yo fui creciendo monolingüe yaqui, hablaba nada más la lengua. Y la misma necesidad nos obligó a que yo fuera a la escuela… Pero en ese espacio de tiempo, de los diez años, yo crecí en un ambiente totalmente tradicional, donde nada más tenía acceso a la narrativa, a la historia de los abuelos. Lo que los abuelos nos contaba esa era la verdad, el mundo que me rodeaba. Entonces, ¿de qué nos impregnó en el momento en el que fuimos creciendo? En la historia vivida por ellos: deportaciones, de guerras… de muchas carencias, en los momentos en que se enfrentaban con el gobierno tenían que huir a diferentes partes.

La historia surge a partir de la batalla del Mazocoba, en 1900.

Offenburger: ¿1902?

Jaime León: 1900. 18 de enero de 1900. En esa batalla tomaron prisionera a mi bisabuela, a doña Refugio, una yaqui originaria del pueblo de Belem. Entonces, doña Refugio fue deportada. Hicieron todo ese viacrucis: de Guaymas a San Blas, de San Blas a San Marcos, de San Marcos a Guadalajara y a la Ciudad de México. Ahí fueron separados los yaquis porque acuérdate que más antes no querían familias completas. Separarlos era la política más conveniente para el sistema, para poder romper con los esquemas tradicionales y de consanguinidad.

Mis abuelos, Jose León, y mi bisabuela, fueron trasladados a Valle Nacional en ese mismo año 1900. Entonces fueron trabajadores de una hacienda que se llamaba Santa Fé, ahí en Valle Nacional. Y muchos de los otros yaquis, parientes todos, los llevaron a Yucatán. A ella le tocó ir a Valle Nacional, Oaxaca. Ahí hacían trabajos muy fuerte, muy duros, la mayoría trabajaba en el tabaco o en la caña de azúcar. Y doña Refugio es la que le cuenta a mi abuela, en aquel tiempo.

Y hubo una gran fiesta en esa hacienda donde cumplía años uno de los muchachos de la hacienda. Hicieron una fiesta grande donde confluyeron todas las haciendas. Entonces aprovechan esa fiesta los yaquis y se escapa de Valle Nacional. Un grupo de familias. Desde luego no todos llegan a su destino. Mi bisabuela tuvo la suerte de escapar de Valle Nacional. Venía en estado de embarazo. Y se vienen caminando… y yo le preguntaba a mi abuela cómo sabían ellos que para acá era su tierra… “Me dijo mi mamá que se orientaban con el sol y con las estrellas”.

Entonces se vinieron trabajando. Y en Salamanca, Guanajuato, nació mi abuela. Y mi bisabuela fue atendida muy bien por la gente, porque trabajaba de sirvientes en una casa que (sus dueños) se apellidaban Iturbide. Y ahí fue creciendo. Mi abuela tenía un hermano que se llamaba Juan. Ellos tuvieron la suerte de irse juntos al Valle Nacional. A ellos no los separaron porque en el momento de la separación ellos no dijeron que eran esposos. ... Y cuando empieza a crecer mi abuela en Salamanca se vienen: pasan por Zacatecas, por Durango y atraviesan la Sierra Madre y llegan hasta Álamos. Ya para eso mi abuela tiene dos años, ya camina.

Offenburger: O sea que fue un viaje de más de dos años?

Jaime León: Más de dos años.

Y llegan aquí. Dicen que llegan a Bacum, de Bácum se van a Belem. Ahí ya estamos hablando de 1907 a 1906, fue cuando empiezan a tenderse las vías del ferrocarril. ... Los pueblos estaban desolados, no hay nadie, puros viejos ancianos que quedan ahí. Todavía hay gente sublevada en la sierra y se van a la sierra [los ancestros de Silverio, se infiere].

Ahí vienen dos familias. Uno que se llamaba José María y doña Chepa o algo así, que ellos se van hasta San José de Guaymas, y ellos se quedan aquí en Bácum, de Bácum se trasladan a Belem y de Belem se van al Bacatete y en el Bacatete fue bautizada mi abuela, porque esa era la promesa de mi abuela: bautizarla con las aguas del Bacatete.

Y ahí creció ella, en un ambiente muy hostil, muy nómada, entre ir y venir. Y se vienen al pueblo. Ellas como mujeres pues tenían más garantías que los hombres. Los capturaban y los llevaban a los pueblos, o no les hacían daño. Entonces ella empezó a crecer en ese ambiente, entre los pueblos, y ella le da mucha importancia a la vida religiosa que llevaron. Porque me habla ella de haber participado en todas las ceremonias de los pueblos yaquis: ceremonias de los santos patronos, las ceremonias de las cuaresmas, al grado tal que ella se compromete tanto que se consagra para llevar la vida más ligada a la iglesia, a los santos, a las imágenes.

Y me platica de cosas muy interesantes en el sentido de la relación con los santos y el trato que tuvo por ejemplo con la Virgen María, con la Virgen del Camino… historias interesantísimas de cómo la virgen era llevada a la sierra cada año, cuántas gentes iban. Entonces mi madre era muy devota a esa imagen de la Virgen del Camino. Y todavía nosotros cumplimos con esa devoción. Vamos y cumplimos con la promesa, llevamos ofrenda, y estamos ahí cumpliendo, así como nos lo enseñó ella. Seguimos con las mismas tradiciones.

Desde luego que antes ellos se amanecían ahí, duraban tres o cuatro días, y se venían a pie desde allá de Belem o de la sierra. Independientemente de donde estaban se venían a cumplir su promesa al pueblo de Bácum, de donde es originaria esa virgen.

Bueno, en ese entorno ella creció, ya se hizo jovencita y la casan, la comprometen en matrimonio muy joven, a los 15 años, algo así. Y la pide en matrimonio una familia del pueblo de Vícam. En una de las participaciones en la ceremonia de San Juan, de la fiesta de Vícam, a ella… pues en sus visitas la captan ahí de que es una muchacha joven, una muchacha muy seria, muy respetuosa. Y la quieren para su joven hijo y la comprometen en matrimonio porque en ese entonces los compromisos eran de los padres, no eran de… no se hacían noviazgos como se hacen ahora, de conocerse y todo eso. Más antes era de pedir, era un pedimento que se hacía a la familia. Y se tenía que cumplir.

Entonces la pidieron y la traen del pueblo de Belem a Vícam. Y hacen todo un ceremonial, se hace la boda tradicional, la casan y se queda en Vícam mi abuela. Ahí ya estamos de mil novecientos ventitantos. No me sé la fecha precisa pero yo más menos me imagino por ahí. Es en los tiempos del gobierno de Plutarco Elías Calles.

Resulta que ahí se vuelve nuevamente a las hostilidades contra el gobierno. Y se van cuatro familias a la sierra del Bacatete, entre ellas va mi abuela y otras tres parejas de jóvenes. Y se van, porque toda la gente se va, porque “ahí vienen los soldados”. Había en ese entonces están registrándose como 20 mil soldados en Guaymas para poder hacer una campaña frontal, ya para exterminar a los yaquis.

Entonces dicen que en la sierra algunas familias se separaron, y ellos siguieron. Y en una parte del corazón de la sierra los capturan a ellos. Y ahí nace su hijo, porque va embarazada. Y nace un niño al que llamó Francisco, igual que su padre.

Nació Francisco en una cueva, y ahí los capturan los soldados y se los traen. Los traen prisioneros a la Estación de Lencho, que ahí están las ruinas, es una casa de piedra. En esa casa de piedra estuvieron encerrados yaquis, entre ellos mi abuela, para ser deportados nuevamente al centro del país. Ahí estuvieron varios días y de ahí son trasladados al puerto de Guaymas. Y en Guaymas se los llevan en barcos hasta Manzanillo, Colima, y de ahí en carros militares, en carros grandes, se los llevan hasta la Ciudad de México.

En la Ciudad de México ya las enrolan como soldaderas en el Ejército Mexicano. Pero ya de un batallón de yaquis que ya están allá. Empiezan a conocer gentes, el niño va creciendo allá, en ese ambiente de ir y venir de un lugar a otro. Y dura mi abuela hasta 1929 o 1930 dura en la Ciudad de México. Están en Querétaro, están en Córdova, Veracruz, y en Perote, Veracruz. En Perote muere el niño, ese que nació en la sierra. Muere a los siete u ocho años. O sea, fíjate que recién nacido se lo llevaron y duraron tantos años allá.

Estamos hablando de que si se vinieron en el ’30, fue más o menos en 1921, 1922, cuando se los llevaron. Y de ahí se viene … Ah perdón, allá cuando se van a la sierra con los jóvenes aquellos, de Vícam, se pierde el marido, ya no lo vuelve a ver al marido, a Francisco, el papá del niño que falleció allá. Entonces cuando llegan a Veracruz, a Perote, a la fortaleza, conoce a un yaqui que se llamaba Isidro Rivera. Don Isidro Rivera solicita en matrimonio a mi abuela y se casan y tienen a una hija, que le llamaron María Luz, que acaba de fallecer por cierto. Ella era mi tía mayor. Entonces doña Luz llega aquí, procedente de Veracruz, en 1930, a los cinco años, creo. Y el marido se queda allá, el marido de mi abuela. Entonces cuando le dicen a mi abuela que a Isidro lo mataron allá, o que se juntó con otra señora, ella se casa aquí en Belem, y se casa con mi abuelo. (risas). Y con mi abuelo tuvo cuatro hijos: doña Petra, es decir mi mamá, un varón y otras dos mujeres que ya murieron.

Y entonces cuando llegan aquí el río todavía tenía vida y empiezan a mantenerse del cultivo de la tierra; ya no se va a la sierra, llega la etapa de los 1930s, a los ejércitos se le dan de baja los yaquis. Muchos se van a la Colonia Militar, que está en esta parte (Valle del Yaqui), y la gran mayoría se va a los pueblos yaquis. Y les dan tierra a los militares que se ubicaron en la Colonia Militar y en San Ignacio Río Muerto, ahí les dan terrenos en propiedad pero ya por el gobierno, ya no un territorio comunal.

También es una estrategia del gobierno no inmiscuirlos en el seno del territorio. ¿Por qué? Porque ellos ya tenían otra visión más amplias de las cosas. Como militares pues ya tenían estudios. Y el gobierno lo que temía era que pudiera haber alguna insubordinación por parte de militares, o que los yaquis estuvieran exigiendo sus derechos.

Aun asi muchos de los militares que se incrustaron en los pueblos empezaron también a superarse. Hicieron como la historia de Cajeme, ya ves que Cajeme fue aliado del gobierno pero ya cuando entra al seno de la idiosincrasia y las costumbres yaquis, pues se vuelve diferente, ¿no? Se vuelve en contra del gobierno. Entonces los militares también tuvieron esa transformación. Aunque a ellos no los aceptaban bien empezaron a hablar sobre los derechos de los pueblos, la exigencia de las demandas más sentidas por el pueblo.

Entonces mi mamá, mi abuela, ya la conocí yo casi anciana. Yo aprendí muchos de esos valores, mucha de esa historia, aparte de otras cosas: leyendas, historias, cuentos, que mi hermana las tiene recopiladas. Antenoche estuvimos platicando, sí me dijo de ti: que habían ido al museo, que te acompañó. Incluso ella tiene mucha información acerca de mi abuela. Te la puede proporcionar.

Offenburger: Me encantaría. Para copiar…

Jaime León: Entonces esa fue una de las etapas muy importantes, creo yo, de mi vida. Y que ya después, conociendo la historia escrita, empieza uno a comparar de lo que dijo fulano y mengano. Por ejemplo yo leí los Ocho mil kilómetros en campaña de Álvaro Obregón y lo comparé con la historia real de los yaquis. Claro que los yaquis lo narran a su manera, desde su visión. Cómo participaron y por qué participaron con Álvaro Obregón. Hablan ellos precisamente de un trato: “Nosotros participamos pero queremos que ustedes sean recíprocos, que cuando sean gobierno nos respeten también nuestras demandas”. Cosa que no sucedió, al contrario fue una política igual o peor que la del Porfiriato.

Esa es la historia que nos contaron nuestros … Y así como esa hay un montonal de historias.

Offenburger: He escuchado leyendas o… por ejemplo yo escuché muchas veces que para que los soldados no sepan donde están los yaquis, las madres tenían que ahogar a los niños (-Ah si) con el pecho (-Sí, sí). ¿Hay otras cosas así que son cuentitos o leyendas, que usted sabe de las guerras?

Jaime León: Son historias terribles (-Sí, horribles son) que incluso un gobernador, el gobernador Izábal, que es odiado por los viejos, decían que a los yaquis los sacaban de las haciendas donde estaban trabajando, los tomaban prisioneros, y los martirizaba, los torturaba.

A un señor llamado Anastasio Álvarez, también crecí yo con ellos, era parte de la familia, me platicaba que ese señor le complacía ver sufrir. Y que cuando los tomaban prisioneros les cortaban la palma de los pies. Se las quitaban y los hacían caminar descalzos, para que les dijeran donde estaban armamentos, o donde estaban los demás yaquis …. Cosas horribles.

Me dice que una vez en un lugar que llamaban Los Pilares encontraron unos yaquis heridos. Dice “eramos como unas diez gentes que íbamos caminando al campamento ubicado en la sierra del Bacatete”. Dice que venían de La Misa, de la Hacienda de los Maytorena. Y que los encontró un pelotón de soldados y los tirotearon y mataron a tres. Y los heridos pues ahí estuvieron. Y que ahí, en presencia de todos, los castraron. En presencia de todos dicen que les quitaron las dos partes. A los hombres. Les quitaron sus partes. (-¿Los yaquis a…?) Los soldados a los yaquis.

Y cuando en la historia escrita se habla mucho de la barbaridad de los yaquis; de que los yaquis son bárbaros, sanguinarios, asesinos. Pues resulta que ellos aprendieron de los blancos, aprendieron de los soldados, las atrocidades que hacían con ellos. Les violaban sus mujeres.

Por ejemplo Troncoso, Balbás, Fortunato Hernández no hablan de eso. No hablan de las arbitrariedades que hizo el gobierno, o el soldado mexicano. Porque, ¿quiénes eran los soldados? Los soldados eran ex presidiarios, los sacaban de las cárceles para mandarlos a la guerra con el yaqui. Y la Guerra del Yaqui era un martirio para el soldado mexicano. Era un castigo, era ir al infierno. Entonces qué más le quedaba a la gente purgando una sentencia en una cárcel. Pues ir mejor a la libertad y matar gente, no? Porque esa era su especialidad.

Pero muchos de ellos no lo dicen. Nosotros sacamos a deducción eso porque, ¿qué ser humano puede sobrevivir en un ambiente tan inhóspito?

Ahora, el clima. Los yaquis no eran tontos, los yaquis nada mas se levantaban en armas en épocas donde hacía calor, o hacía mucho frío. En los climas extremosos en que los soldados no iban a resistir. Si tú ves los registros de las campañas, las campañas más fuertes fueron en tiempos más fuertes desde el punto de vista climático.

El otro asunto es el de las ceremonias. Porque las guerras se desarrollan en climas extremosos y en el winter hay ceremonias muy importantes. Entonces cómo podían permitir a ellos también cumplir con sus actividades ceremoniales, que también es una de las partes que yo le capté a mi abuela.

Pues en estas fechas qué hacían? Pues nada, hacíamos la fiesta. La cuaresma o la semana santa. Y los soldados vigilando. Dice que cuando ellos hacían las ceremonias había soldados vigilando de que no llegaran gentes externas, por ejemplo los broncos pues. Los yaquis que estaban en la sierra.

Offenburger: Alguna vez me platicaron de las divisiones que habían entre los yaquis en ese tiempo. Le pregunto porque una parte de mis investigaciones tienen que ver con las comisiones de paz que habían, que fallaron... cualquier falló. Pero yo podía ver en los documentos que aunque el comisionado de paz tenía un acuerdo con algunos jefes de los pueblos; otros no querían nada, como Sibalaume, que seguía ahí en la sierra. Causaba mucho problema porque el Estado no sabía qué hacer. Si deben hacer un acuerdo con algunos y con otros no. ¿Hay cuentos de esas divisiones con los yaquis en ese tiempo? O sea, ¿Cómo se ve…? Usted dijo que los broncos dicen: “por nosotros quedamos, todavía estamos aquí” y los soldados dicen “por nosotros”. Pero, ¿cómo se ve esa división hoy por hoy con los yaquis? ¿Usted ve la historia esa, de división, como algo que tuvo que pasar? ¿O una estrategia que anduvo bien? ¿O es algo vergonzoso que los yaquis se dividieran? Me entiende?

Jaime León: Sí, sí, sí. Yo lo veo como una estrategia de resistencia de los yaquis. ¿Por qué? Porque yo te hablaba ahorita de qué en mi mente registre aquellos momentos en que los ancianos alrededor de la fogata empezaban a platicar de sus historias, de las hazañas, de los grandes momentos, de los momentos de gloria para ellos. De que triunfaron en equis batalla, “y nos fregamos a los soldados, a los yoris”. Entonces en ese mismo ambiente surgía el encono o el reclamo hacia otros protagonistas que hay en ese mismo momento estaban también. Que no fueron caujomes. Los caujomes son los que estaban en la sierra. Y los torocoyoris fueron aliados del gobierno.

Entonces ahí en esa reunión, normalmente en las noches, se discutía y se decían: “tú fuiste un torocoyori, tu nos perseguiste”; “tu eres un esto”, “tu eres un traidor”. Empezaba a calentarse el ambiente, pues, la fricción. Entonces el otro le decía: “No, yo fui con el gobierno, yo me alié con el gobierno pero para que tú tuvieras esto”. ¿Me entiendes? “Para que tú estuvieras pisando algo que nosotros ....” “Yo me tuve que aliar al gobierno para poder tener lo que ahora tenemos”. “No es cierto”, decía el otro, “ahorita estamos aquí porque nunca dejé mi arma, porque nunca me dejé manipular por el yori. Por eso estamos aquí.”

Pero para mí, mi conclusión personal es que las dos son razones muy, muy legítimas. Porque cada quien luchó en su trinchera y en los ideales que ellos consideraron verdaderos, leales, justos. Y ahora para la historia yo lo considero como una estrategia, una estrategia que tal vez ellos no lo pensaron así pero que les salió de esa forma.

Porque, por ejemplo, Tetabiate firmó la paz de Ortiz en 1897. Ahí no firmó ningún gobernador, si tú te fijas. Está firmado por ellos nada más y por las grandes autoridades del gobierno. Y además no es un pacto de paz, pues, es un pacto de sometimiento al gobierno. O sea, cómo se somete la tribu al gobierno. Entonces, ¿cómo darle razón a un pacto? Por acá surge otro grupo de yaquis diciendo “no es, no es”. Entonces, es válido que a los tres o cuatro años los yaquis hayan nuevamente exigido, porque en la mente de ellos el concepto de paz era otro rollo. No era el contexto en el que el gobierno lo estaba manejando.

Entonces para mí eso de la división encontrada con ese contexto fue parte de la estrategia. Ahora, yo me pregunto, la división inició desde que llegaron los españoles aquí, en este caso los jesuitas, y te voy a decir por qué. Porque muchos no aceptaron la religión. Desde el momento en que los jesuitas llegaron iniciando con la evangelización, muchos de los yaquis rechazaron la religión, y pasaron años y años en poderlos someter.

Entonces aun de que los yaquis fueron sometidos por los jesuitas a través de la religión, no es cierto que fuera al 100%. Los yaquis se impusieron. Tan se impusieron, que ahorita ellos están rigiendo sus propias ceremonias. No tiene acceso ningún sacerdote, ningún nadie, más que ellos. Hubo en una época, después de la expulsión de los jesuitas, de que los yaquis cerraron filas. Y todo estuvo rigiéndose bajo el esquema de la religiosidad. Y eso los unió. Pero, ¿qué pasó? Se sumaron otros valores, otros conceptos que los jesuitas habían rechazado. Por ejemplo la Danza del Coyote, que era satanizada por los jesuitas. Entonces yo de ese momento siento que ya existía una diferencia interna en los pueblos yaquis.