Oral History Interview with Ignacio Ochoa Álvarez
June 20, 2012, in Pótam, Sonora

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Andrew Offenburger
Miami University

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Length: 10 minutes, 29 seconds
Transcription: Benjamin Alonso
Finalized: June 25, 2018

Ochoa: En 1910, mi apá y mi amá, o sea mis abuelitos, así les digo yo, vivían en un pueblo que se llama San Miguel de Horcasitas. Queda de Hermosillo para allá, así. Ahí vivían, ahí había pura yoremada de aquí mismo de la tribu yaqui. Y ahí llegó una brigada, o cómo decir, de soldados o algo así; y pues los embarcaron a los hombres, se los llevaron. Los que estaban ahí, todos en ese pueblito. Y a mi apá lo agarraron ya al último. Iba mi apá a comprarle a una tienda. Llegaron, lo agarraron y le dijeron “vámonos.” Le pusieron unas esposas o algo así. Se lo llevaron. Y le dijo el papá al hijo: “Vete, mijito, ahorita voa volver te voa a traer unos dulces”, le dijo. Nunca volvió ni lo volvió a ver jamás, dice.

A los cuatro días, como a la semana o dos semanas, llega otra arriada de… Se llevaban a todas las mujeres, con sus hijos. A todos, a todos, embarcados en unos vagones. Ahí coló mi apá también, se lo llevaron chiquito. Y volvió del sur para acá de 20 años. Y pues de ese tiempo a acá, así saco yo la conclusión que mi apá era del siglo pasado. Cuando mi jefe, mi papá, murió aquí, ya pasaba de 100 años. Por eso yo saco esa conclusión de que es de esa fecha.

Y el origen de nosotros era de Bataconcica. Pero en ese tiempo la yoremada estaba hasta allá hasta arriba, de Hermosillo pa’rriba. San Miguel de Horcasitas y Ures eran de los yoremes en aquellos tiempos. Por eso en la mortandad que hubo, no sé si sabe usted que en Nueva York había algunos seres… ¿cómo se les nombran?

Offenburger:  ¿Restos?

Ochoa: Sí, restos. Sí sabe, ¿verdad? Que los trajeron aquí.

Offenburger:   Hace dos años, sí.

Ochoa: Ah pues ahí en el Metetoma los enterraron. En esos años (principios de siglo XX) los mataron ahí cerca de donde le estoy platicando: Mazatán creo que se llama. Ah pues queda cerca de esos pueblitos que le menciono yo.

Y pues hasta ahí le puedo yo platicar de lo de mi jefe, ¿no? Ahora para lo de la revolución, en ese tiempo los originarios de aquí de la tribu yaqui lucharon mucho tiempo por defender lo que es el territorio yaqui. Dejaban las tierras, se iban por años, no por un año. ¡Por años en la sierra! Para no dejar al yori, como le decimos a la gente ajena a nosotros, que nos invadiera pues. Sin embargo sí invadieron. Aquí estaba Pótam viejo, aquí enseguida de donde estamos nosotros. Ya habían invadido, eran puros chinos y gente ajena a nosotros también, no nomás chinos. En Tórim estaba la capital también. ¿Conoce Tórim?

Offenburger: No todavía, pero paso por ahí cada día. Ahora lo voy a conocer. Pero yo sé por dónde queda.

Ochoa: Pues ahí estaba el Hospital General, se veían los escombros donde estaba el hospital. “Hospital General” decía. De aquellos tiempos, de cuando Porfirio Díaz.  Y pues ahorita hay casas ahí, o no sé, viendo ustedes allá. Donde hace cruz el río, ahí está para acá en el monte… Estaba en el monte ahora hay casas ahí. Ahí puede ver usted.

Sin embargo a los que andaban en la sierra los echaron para abajo a todos, los corrieron a todos. Se ven las puras ruinas de las casas que tenían en aquel tiempo. Y las bóvedas, bóvedas de chinos también hay ahí.

Offenburger: ¿Ah, sí?

Ochoa: Sí, todavía están ahí.

Offenburger: Tal vez vaya para sacar una foto de todo eso…. Y bueno en mis platicas con otras personas por aquí me contaron que en el tiempo de la revolución las mujeres tenían que ahogar a los niños -no sé cuántas- para que no lloren y los soldados no vengan. ¿Hay otros cuentos [historias] así que recuerde? Tal vez le contó su papá, que le contó su papá. O cosas así, como sobre la mudanza a Yucatán y la vuelta para acá.

Ochoa: Pues mi jefe volvió caminando.

Offenburger: ¿Caminando nomás?

Ochoa: Caminando, trabajando… y así duró meses para llegar aquí a Sonora. Decía que el 20 (año 1920) iba pasando por (Ciudad) Obregón y que no había casas todavía más que el Náinari, la Náinari que le dicen. Y su mamá quedó por acá en Michoacán. Ahí murió, dice. Allá los traían también de… como soldados, pues. Los mandaban pa’llá y pa’cá… donde hubiera revuelta.

Offenburger: O sea, ¿su mama quedó en Yucatán?

Ochoa: En Yucatán.

Offenburger: ¿Y nunca se volvieron a ver?

Ochoa: (Silencio)

Offenburger: ¿Y usted?

Ochoa: No, yo nací aquí. Ahí donde le platico, cerca de San Miguel de Horcasitas. En Estación Zamora. Y todos los demás, mis hermanos y hermanas, nacieron aquí. Yo nací por allá y una hermana también. Pero la descendencia [ascendencia] era de aí’, de los Ochoa de Bataconcica.

Offenburger: Y me pregunto si usted o ustedes tienen una forma de pensar o de vivir diferente por lo que… Por todo lo que pasó con Yucatán y la vuelta y… o sea…. ¿Hoy por hoy siente una cierta desconfianza hacia los yoris que viven por aquí?

Silencio de Nacho, y Andrew añade: O sea, ¿se siente que todavía sigue la lucha o no tanto?

Ochoa: Está la lucha todavía. No con armas pero con la pluma, con políticas del gobierno. Eso estamos en contra hasta la fecha. (silencio) Y las nuevas leyes que legislan ellos, el gobierno, para amolarnos a nosotros los indígenas y los pobres, que están a nivel nacional. Orillándonos pues a la ruina. Más de lo que estamos.

Offenburger: ¿Y su papá nunca le contó historias de Yucatán, de cómo era la vida ahí?

Ochoa: Muy dura, dice. Porque no conocían y pues no podían comer cualquier cosa allá. Había una caña allá, que dicen que comían y les criaba muchos animales en el estómago. No pasaba mucho tiempo cuando les empezaban a salir por las narices y todos lados. Y luego había otra que les daba calentura también. Imagínate. Así me platicaban. Les pegaba paludismo o no sé qué enfermedad. De eso murió la mamá de él.

Offenburger: Me pregunto si golpeaban a los trabajadores en Yucatán.

Ochoa: Allá sí. Los caciques de allá les daban con unos picotones así. Pegándoles…. no los podían ver ni un ratito parados porque los azotaban.

Otra persona habla en lengua yaqui y Nacho revira “ehui.”

Offenburger: En los diarios de ese tiempo hay una discusión, si en verdad era o no una esclavitud en Yucatán. Por su punto de vista era…

Ochoa: Todos los que estaban allá, que mandaban de acá, eran esclavos de los de allá. Puros hacendados. (interviene el tercero) Ah sí, ¡y luego fueron vendidos! A diez pesos, creo. Sí, a 10 pesos la cabeza de cada uno. 5 para el comisionado y 5 para el mismo gobierno.

Por eso no quería empezarlas porque estoy medio trapeado de la mente ahorita.

(Risas)

Pero más adelante, hombre.

Offenburger: Bueno.