Oral History Interview with
María de Jesús López Valenzuela and Teodulo Rubio Jusacamea
June 28, 2012, in Pótam, Sonora

Andrew Offenburger
Miami University

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Length: 21 minutes, 11 seconds
Transcription: Benjamin Alonso

Offenburger: Decías que solo dejaban los cuerpos ahí, heridos.

Valenzuela: Si, heridos. Los dejaban por que porque el ejército no quería que los yaquis les causaran pérdida de tiempo, como no podían cargar los cuerpos, los dejaban tirados. Al ejército mexicano no les importaban los heridos, decía “¿para qué nos sirven?” No se sabe si lo hacían por lástima o por reírse de ellos. También cuando se trasladaron los cuerpos de las personas que llevaron a Nueva York para estudiarlos, nunca se publicó nada y nosotros, hace cinco años, descubrimos que sí eran indígenas, pero no sabemos si se los llevaron vivos o muertos.

Offenburger: Y su abuelo era soldado de la revolución.

Valenzuela: Él fue soldado del ejército mexicano.  Después desertó y se unió a las tropas de los yaquis para defender su tierra.

Offenburger: Y cuando él le platicaba de eso… o sea, pregunto porque algunas personas dicen que sus abuelos y sus padres sabían mucho de esa época, pero no les contaron nada, pero a algunos sí, y tienen memoria de eso.  Entonces le pregunto ¿por qué le pasó eso a su abuelo? 

Valenzuela: Simplemente, para que no perdiéramos los usos y costumbres, y para que también defendiéramos la tierra, como ellos decían, nos decían que ésta tierra había sido ganada por ellos con sangre y que no querían que eso quedara en el olvido, que la tierra se iba a pelear mientras existiera la tribu yaqui.

Offenburger: Otra cosa que estoy viendo a través de estas entrevistas es que algunos yaquis, hoy por hoy, quieren trabajar en la Casa de Cultura, o con personas de gobierno, o quieren compartir su historia, pero algunos otros no quieren, desde su punto de vista.  ¿Por qué no quieren?

Valenzuela: No, no quieren. Yo pienso que por ignorancia, falta de conocimiento, falta de historia de sus antepasados, que no les hablaban de su cultura de la tribu yaqui.

Offenburger: ¿Cómo se llama su abuelo?

Valenzuela: Feliciano Valenzuela Rábago, y la abuelita de él también estuvo en la guerra, se llamaba Manuela Baumea (la abuela de Teodulo).

Offenburger: (Dirigiéndose a Jusacamea) ¿Usted tiene algunas historias que le contaron?

Jusacamea: Pues, en la época de exterminio de la tribu yaqui, por parte del gobierno, me contaron que fue una cosa muy fea, pues a toda costa intentaron desaparecer a la tribu yaqui, de manera directa, a balazos, inclusive. Los perseguían como conejos, de todas las formas posibles de violencia. Dicen que mi abuela corrió con un balazo en una pierna, para escapar. Y andaban sin alimentos, enfermos, mujeres embarazadas, parían en cualquier cueva o se quedaban amatorradas con sus niños para que no seguir muriendo, o se quedaban con otros heridos o enfermos. No tenían ni agua para tomar. Asi como escapar nomas, sin llevar nada: ni ropa, ni nada, ni armas. Únicamente luchar para escaparse nomas. Asi fue de fea la historia. Hay libros que cuentan que dispersaban a la tribu yaqui, se los llevaban en tren a varias partes de la república. Hay yaquis en California, Oaxaca, Yucatán, Veracruz, Puebla, por todas partes hay yaquis. Algunos yaquis que se escaparon, cruzaron caminando la sierra madre occidental, y llegaron al norte con los americanos, allá tienen una reserva especial de la tribu. Ahí hay parientes míos que están allá, todavía. Y mucha gente de aquí tiene allá parientes, familiares.

Valenzuela: Inclusive, por eso el indígena yaqui aprecia mucho la naturaleza, porque en ese tiempo sobrevivió de los frutos de los árboles, de raíces de diversas plantas.

Jusacamea: Como una raíz comestible llamada sallas, un alimento muy nutritivo que, allá en Hong Kong, o no recuerdo exactamente en qué país, se da el famoso yin sen, dicen que no existe pero sí existe aquí y la zona apropiada para la productividad de ese fruto es la zona topical, y aquí no es tropical sin embargo la raíz sí existe.

Valenzuela: Algo de lo que no se ha hablado es acerca de la matanza de la bonansita, donde están todos los muertos, ni en libros lo he visto, esa matanza que hubo en la sierra. Inclusive hay cruces ahí que los mismos yaquis pusieron mucho tiempo después, cuando se apaciguó aquí.

Offenburger: ¿Dónde queda ese lugar?

Valenzuela: Es un lugar rumbo a la sierra, se llama la bonansita, no, no es la bonansita, es más para acá… ¿Dónde es?... allá donde subimos y vimos muchas tumbas y pregunté “y aquí ¿por qué es panteón? Cuando andábamos en el recorrido, le pregunté al pueblo mayor de pueblo Vicam ahora, y me dijo “aquí se le pusieron las cruces, porque aquí, en este llano fue la matanza más grande que hubo de la tribu yaqui”. Trincheras se llama el lugar, en el rancho de Moscobampo, en jurisdicción de Pithaya, así se llama allí. Y supuestamente ahí fue la matanza más grande de la tribu yaqui. Y eso nunca lo he visto en libros.

Offenburger: ¿Tiene algunas historias más? No tengo más preguntas, sólo voy coleccionando estas historias. ¿Usted ayuda con los nacimientos, es partera?

Valenzuela: Sí, soy partera. Mi nombre es María de Jesús López Valenzuela.

Offenburger: ¿Y usted?

Jusacamea: Mi nombre es Teodulo Rubio Jusacamea.

Valenzuela: Hay muchas historias que nunca fueron rebeladas. Pero son historias contadas, que la tribu yaqui no ha querido revelar.

Offenburger: ¿Por qué cree que no quiera?

Valenzuela: Siempre hemos estado temerosos del blanco, del que viene de fuera, siempre pensamos que nos va a traicionar.

Jusacamea: Un dato curioso para analizar; dicen que el yaqui nunca fue doblegado y eso es a través de los años. Desde pequeños la mama previene al niño para estar a la defensiva del yori, desde que lo está amamantando y le dice, “Mira! Cuidado! Ahí viene el yori…”

Valenzuela: Viene el yori y quita el pecho.

Jusacamea: “Cuidado, te va hacer daño,” y así sigue siendo hoy en día.

Valenzuela: Fue mucho dolor, mucho sufrimiento que a través de las generaciones no se ha olvidado y nunca se va olvidar, yo creo.

Jusacamea: Eso no es de ahorita o de la época de la revolución, eso viene de desde la conquista de los españoles.

Valenzuela: Primero tuvieron que luchar contra los españoles, contra los jesuitas, luego contra los chinos que ubicó aquí el gobierno, contra los franceses, contra los americanos. Todo el tiempo tratando de luchar por la tierra. Entonces, por eso el yaqui vive muy temeroso. Tienen secretos que no quieren que sean revelados. Es como la defensa de un animal, si se le acaba el veneno a un animal, pues con qué se va a defender. Así estamos nosotros también.

Jusacamea: Hay también un dato curioso, que nos da una idea de lo que era antes el respeto hacia los semejantes, es como una ley. Dicen que antes a un homicida, lo velaban junto con la víctima, le ponían todo el ajuar, la mortaja del muerto y lo sentaban a un lado del muerto, con todo, flores, velas, asistían todos, además de la clase eclesiástica, y las cantoras a velarlos. Los ponían juntos, hacían la ceremonia y les rezaban como si estuvieron muertos los dos, al muerto y al asesino, y al otro día, en el amanecer hacían la fosa, metían al muerto a la fosa, y al vivo lo paraban al pie de la fosa del muerto, y delante de él un pelotón de fusilamiento y ahí lo fusilaban y caía a la fosa muerto.

Valenzuela: Por eso antes aquí no se usaba el que robaran, o asesinaras. En la tribu yaqui no existía eso, pero entraron los derechos humanos, le empezaron a quitar poder a la autoridad autónoma, entonces empezó a haber muchas cosas. Como ya no le permitieron a la autoridad ejercer su ley, Como por ejemplo, si alguien iba y se quejaba de algún robo, lo llevaban y le mutilaban una mano, y le decía “vuelve a robar y te vas a quedar sin la otra mano”.

Jusacamea: Y así, como la gente miraba. Con el impacto de la bala, del asesino parado enfrente de la fosa, caía y los enterraban juntos. Y por ejemplo, a alguien que robaba, en público hacían ese ritual. Aquí pasó, al familiar de una persona que vive en Potam, en el tronco de un Álamo le cortaron la mano con un machete, de un solo tajo. Era una ley drástica.

Valenzuela: Era muy fuerte la ley ... pero el gobierno ... las leyes modernas han disminuido al poder autónomo, pero sigue siendo fuerte.

Jusacamea: Ahorita, por ejemplo, en la guardia está el tronco de un mezquite y cuando hay algún irrespetuoso se le castiga en público para dejarle en vergüenza. Lo cuelgan de las manos sin ropa. Y si reincide lo azotan y si insiste le siguen dando azotes hasta que desista. Otro castigo que hay en la guardia se da con un instrumento de tortura de le época de la inquisición, es un aparato con dos troncos. Le meten los pies, queda sentada la persona, se le ponen candados en los extremos para inmovilizarlo. Todavía se usa. Ahora hace poco en la fiesta de la Trinidad lo usaron, metieron tres personas jóvenes ahí, porque andaban muy bravos. Ahí los calmaron. Y así se acostumbra en algún caso grave, cuando no quieren acatar las órdenes de los consejos, los meten ahí y no los sueltan, hasta por tres días, incluso no se les debe de dar comida ni agua, sin embargo, hoy en día los familiares sí les acarrean alimentos y bebidas, pero ahí hacen su necesidades.

Offenburger: ¿Cuántos años tienen ustedes?

Jusacamea: Yo tengo 61 años.

Valenzuela: Yo tengo 55 años.

Offenburger:  ¿Les molesta si saco una foto de ustedes?

Valenzuela: Jaja. Toda bichi, él andaba trabajando, ponte una camisa. El pensamiento, las costumbres, las leyes, no se acaban, jamás se acabarán. A nosotros nos sentaba nuestro abuelito y nos platicaba de los balazos en el cuerpo. Decía que jamás en la vida fueron curados, solos se aliviaban porque el cuerpo así lo quiso. Y por no quedarse tirados en el monte, dice que caminaban con gran esfuerzo.

Offenburger: Y otra formalidad, más que nada, es si tengo su permiso para usar esto en mi trabajo, en mis estudios para mi doctorado, o sea para mi tesis.

Valenzuela: Sí.